El miedo al epitafio

14 03 2012

Cuanto hemos leído del ciclo de la vida, los seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren, pero si lo revisamos detenidamente se escapan muchos deliciosos y terribles detalles entre cada una de estás intrincadas fases que aceptamos como axiomas escritos en piedra, el día de hoy me interesa la parte aquella de “se reproducen”, creo casi sin temor a equivocarme que nuestra querida y odiada sociedad navega hacia adelante todavía porque aún quedan algunas familias funcionales por ahí, tal vez no son muchas, son como las brujas, no existen, pero de que las hay, las hay.

Hoy siento mis letras diferentes, están atónitas, se encuentran tensas y en formación, pero no militar, digamos que en formación civil, no agredirán a nadie, pero el miedo las tiene ordenadas aunque no listas para responder y es definitivamente porque hoy hay algo que me inquieta, que pasa si las inciertas e intrincadas circunstancias que orbitan a nuestro alrededor, de manera ordenada y arbitraria al mismo tiempo nos arrancan el bien más preciado que tenemos y que los que creen en registros bíblicos afirman es prestado, que ocurre si los anhelos de pasar de alguna manera a la siguiente generación quedan simplemente contenidas en un elocuente epitafio.

En más, definitivamente más de una ocasión he escuchado la firme resolución de privarse de descendientes haciendo uso del querido libre albedrío, no encontré como justificar esto explorando desde un lugar seguro la violencia que se desató en la década que me vio nacer, simplemente frené mi búsqueda histórica para parafrasear lo que dicen aquellos y más que todo aquellas contemporáneas, “estamos en una ciudad muy difícil para… “, “no quiero traumatizar como lo hicieron conmigo”, “nunca deseo ser responsable por alguien más”. Creo que formarán familias funcionales, pero incompletas, felices pero a medias, y lo digo simplemente por las inmensas ganas que tengo de algún día formar mi propio pequeño gran mundo, feliz y no a medias, completo, con su problemas pero también sus alegrías.

Me inquieta sobremanera que pasará después de mañana,  que triste y oscura verdad pueda aguardarnos como una gárgola de fija mirada en una alta y lúgubre terraza.

Pero como te dije, después de permitirme unos momentos de debilidad que a pesar de ser horas se sintieron como días, volvamos a entrar en calma, respiremos profundo y esperemos que mañana simplemente sea un día mejor.

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